martes, 15 de diciembre de 2015

Carta a la enfermera que cuidó de mi bebé y de mí después del parto.



Ahora que se acerca navidad los sentimientos han estado en su máxima potencia he pensando mucho en el momento en que nació Iker, fue algo tan hermoso y tan fuerte a la vez que no fue muy fácil asimilarlo, pero mucho más, me estuve acordando de esa personita que nos ayudó y cuido durante y después del parto: “la enfermera”, siento mucho no acordarme de su nombre pero de su rostro y cuidados de eso sí siempre me acordaré, espero llegue a manos de ella esta carta que con mucho cariño y con un gran agradecimiento le escribo:
15/Diciembre/2015
Querida enfermera:

Tu que me viste en el momento más desesperado y más hermoso de mi vida quiero agradecerte por haberme mirado a los ojos y entender el dolor con el que llegué a consulta, por preocuparte por mi y ofrecerme un asiento con la intención de que el dolor pasará, por haberte quedado a mi lado y no llegar a casa esa noche como cada día lo hacías, por haberme preparado de pies a cabeza antes de entrar al quirófano, por haber acogido a mi hijo desde el instante en que nació, por extenderle tus brazos y llenarlo de calor, por estar al pendiente del reloj y cuidar de los medicamentos que me daban, por darle de comer a mi bebé mientras yo descansaba, por estar ahí en el momento en que mis padres se preocuparon al verme temblar más de lo normal en la cama, por darme ánimos al momento de levantarme después de que la anestesia pasó, por el cuidado que tuviste al bañarme porque aunque en tu mirada se veía que también te dolía el verme llorar del dolor junto con mi madre no dejaste de hacer tu labor y asearme, por tomarme de la mano y ayudarme a caminar para mi pronta recuperación, por darme de comer, por estar ahí sin conocerme, por llevar a cabo el don que Dios te dió y cuidar de los demás,

Gracias en verdad, muchas GRACIAS … en ti ví el rostro de Dios.









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